Wednesday, June 15, 2011

Tatuado

No te acuerdas de nada, pero esa noche no se te va a olvidar así de fácil. Cuando saliste, harto de las instrucciones, de las órdenes y los reclamos, azotaste la puerta tras de ti. Sabías perfectamente a dónde ibas y ya no distinguías las voces amigas de las enemigas, las humanas de las bestiales. En una mano estrujabas el puño y en la otra, sobre el hombro, descansabas la piel roída de tu abrigo. Cada paso te retumbaba en la cabeza. La banda elástica que mantenía tu largo pelo negro recogido en una cola de caballo parecía incrustarse en tu cráneo dolorido. Alcohol era lo que buscabas, mezclado con humo espeso y luces tenues y rojizas. El camino no era largo y las huellas de tus botas mancharon el pavimento seco cada vez que un charco de aceite o gasolina se interponía en la ruta trazada inconscientemente.

Pronto llegaste y, al verte sentado solo en la barra del alborotado lugar, una o dos chicas se te acercaron coquetas a pedir fuego. No las escuchaste, tus rasgados ojos se irritaban con el humo de la pipa y de vez en vez parpadeaban muy lentamente. Sin quitar la mirada del vaso percibiste un cambio en el ambiente; algo perforaba el aire denso y penetraba, punzante, tu nuca. Pasaban los minutos y el calambre no cesaba. Aprovechaste tu agudeza de oído para predecir todos los movimientos del agresor. Una mano en la bebida, en la otra el tabaco quemado, la vista borrosa y concentrada en todo lo que el instinto dictara.

Se lanzó como una ráfaga de luz, cuchillas escondidas bajo las mangas de tela inaudible y ligera. Un salto horizontal que predijiste como jugada de ajedrez. Tranquilo soltaste el vaso, esquivaste el golpe por un lado y saliste del lugar sin dejar más rastro que el cristal goteando y cenizas en el suelo. El enemigo te siguió de cerca, veloz y aún silencioso. Era una sombra felina que iba tras el eco de tus suelas golpeando el suelo rítmicamente. Finalmente te encontró de espaldas con el abrigo puesto. Embistió una vez más y una vez más supiste lo que haría.

Te elevaste de un salto a metros del suelo, con las rodillas en el pecho y los brazos abiertos. Caíste a sus espaldas y volvió al ataque. Golpe que daba era bloqueado. Sus armas de plata oscura rozaron tu piel, fuiste más rápido. Se movió erráticamente, pero ya habías visto antes cada movimiento. Un pequeñísimo error: tratar de mirar dentro de las pequeñas ranuras de tu mirada. Así tomaste una de las mortales hojas y, dejando su espalda contra la pared del callejón, desprendiste su último aliento con un movimiento limpio de su propia arma.

Cayó al suelo y miraste, serio, las facciones femeninas y rígidas de tu oponente. La conocías, recordaste su voz por una milésima de segundo y partiste de vuelta. El regreso lo utilizaste para abrir la mente y permitir que el viento hediondo de las calles se llevara lo que acababa de suceder. Siempre es así, lo sabes, no lo recuerdas. Subiste los cinco pisos, abriste la puerta, te desplomaste con los ojos abiertos y descansó tu cuerpo. Mientras tanto, en tu piel quedaba grabado lo que sucedió esa noche, que no recuerdas pero puedes descifrar frente al espejo.

Tuesday, April 26, 2011

Cena de uno

Dejaron la puerta bien cerrada y a mi en una casa grande y vacía, de noche temprano. En esas situaciones el hambre se vuelve tímida y la hora de cenar no quiere llegar, por eso hay que forzarla un poco y andar hacia la cocina oscura y silenciosa. Será algo chico, no muy tentador, nada más para evitar un hoyo en el estómago como a eso de las dos de la madrugada. Cenar sola significa música en bajito y lenta. En estas situaciones no hay quien mire las manchas en la ropa, ni el peinado mal hecho. Comida escasa y la primera bebida que cruce mi camino van a la mesa, arrastrando los pies. Cuando ceno sola no hay por qué poner un mantel, ni servilletas, ni cuchillos, ni una silla. De pie se come y bebe rápido, tratando de no hacer ruido para que el gato no se despierte. Todo se termina y el plato y el vaso van al fregadero, solos, como yo. Y así todos esperamos a que llegue la mañana, disfrutando de las palmas heladas trabajando y los pies descalzos que hacen eco al avanzar.

Wednesday, March 16, 2011

La búsqueda

Fue el sonido de un chasquido el que se llevó la luz y todos los sonidos que venían con ella. Y lo que quedó era nada más un silencio oscuro, que aumentaba su densidad con los sentimientos de incertidumbre y terror. Las ventanas habían perdido su razón de ser, y el cielo se había mezclado con el concreto y las azoteas de los edificios aparentemente muertos. Todo se había convertido en un manchón de tinta negra, en donde el cielo amenazaba con cortar el aire usando sus finas cuchillas de agua.
Comparado con las demás personas, el hermano no se inmutó. Buscó a tientas un cilindro de luz verde y lo encendió. Subió las escaleras para encontrar a la hermana sentada en el filo del sillón, buscando hilar las frases de un libro con la ayuda de una linterna tenue.
"¿Ahora qué?"- retó el hermano.
"Pues vamos a buscarla, ¿qué otra?"- devolvió la hermana.
Ambos se alistaron con abrigos encapuchados, el color no existía. Uno amarró bien sus agujetas, la otra tomó las llaves del coche y se echó la mochila al hombro. Abrieron la puerta para descubrir que afuera el aire ya estaba siendo desgarrado por una lluvia, curiosamente, insonora. Se miraron, o pensaron que lo habían hecho, y corrieron hacia el auto al mismo tiempo. Ya encerrados y empapados ella introdujo la llave y encendió la luz amarillenta que le revelaría el camino. Encendió el motor y se pudieron en marcha.

Avanzaban confiando en el escaso metro de luz que podían ver, echando el agua fuera del cristal con violencia. Ambos con la misma melodía grave en la cabeza y sin palabras en la boca. Ni un coche fuera, ni una persona, ni un rayo de luz extra que los pudiera revelar en caso de que estuvieran.

Y así siguieron por un buen rato, quién sabe cómo y quién sabe cuánto, hasta que, finalmente, alcanzaron a ver un faro a lo lejos. Uno bien encendido con luz y con ruido, y ahí se fueron a quedar.

Wednesday, February 02, 2011

Múltiples cielos

Hoy te encuentras bajo un cielo completamente distinto al mío; supongo que estará nublado frío, tal vez algo de lluvia o nieve. Por esa razón fotografié mis cielos, para que también sean tuyos.

8:30 de la mañana

Se veía vaporoso y pálido, como si se estuviera levantando sin haber tomado tomado café. Unos cuantos vuelos amarillos por ahí y otros rosados por allá. Ni una sola nube lo cruzaba; seguían todas dormidas. Su color, en general, era más bien verdoso y despeinado. Tan perezoso que apenas los primeros rayos del sol lo calentaban para comenzar un nuevo día lleno de cosas distintas, de pájaros nuevos y de corrientes que visitan a los que vivimos abajo.

2:30 de la tarde

Ahora sí, todo era consistente. De base un color azul pálido, como el que me pongo en las uñas y no te gusta. Muy sólido y parejo. Justo encima, algunas nubes se transformaron en hilos delgados y lo adornaron horizontalmente, como si se hubiera puesto una camisa a rayas. Y, al mismo tiempo, otras nubes esponjosas se hacían notar por encima de las primeras. Majestuosamente blancas y repartidas por todos lados, sin llenar de más ni de menos. El sol calentaba, pero no quemaba; era su hora de comer.

8:30 de la noche

Finalmente, todo se oscureció. Pero no lo suficiente, porque a pesar de las luces de la ciudad y de los coches que gustan de estar encendidos en las calles sin avanzar, todas las estrellas se animaron a salir. Un espectáculo digno de recordase: sin luna, sin ruido en el cielo negro-azul y con puras lucecitas modelando sus legendarias formaciones. Algunas tintineando más que antes, coquetas y emocionadas de ser vistas con tanto gusto. Así es que comenzó la noche.

Sunday, January 23, 2011

El vaso

Estaba todo sumamente quieto; así es en las noches, nadie se mueve a menos que sea necesidad. El gato no come, porque está dormido y lo único que se escucha es la sugerencia del tica-tac del reloj de pared y los imaginarios perros que no pueden dormir en las casas vecinas. Incluso el aire va cansado y no entra por las rendijas, la luz que queda es tenue y debería estar apagada ya. De vez en vez una viga de madera se acomoda en su descanso y deja escapar un crujido, tan ligero que cuando el oído despierto intenta retenerlo éste ya se fue. Tranquilidad.

Todo hasta que el estruendo de los cristales que cortan el aire y explotan en el suelo apuñalan la quietud de la noche. Como pedazos de granizo se riegan dejando un agudo sonido detrás de cada movimiento. El polvo de vidrio se mezcla con los pedazos grandes y entre todos forman el escándalo. Se ha caído un vaso y el silencio se interrumpió.

Thursday, January 20, 2011

Las razones

¿Por qué el cielo es azul?

Porque refleja el azul del mar, que es, antes que nada, el azul por excelencia. El mar es azul por sus aguas densas, cargadas de sal que no se diluye y que escalda las costas, que reseca las arenas. Es azul por sus movimientos armónicos, por su cadencia y necesidad desesperada de salir de ahí, sus ritmos que cortan el aire en silencio y se llevan la tierra poco a poco. También por sus sonidos, que lo han dicho, preguntado y respondido todo.

El cielo refleja al mar en todos sus tonos; cuando es profundamente azul, cuando se aclara e incluso cuando se enturbia y se vuelve oscuro y gris. Lo imita en su vestimenta; el uno se adorna con encajes y remolinos de espuma blanca y el otro con vapores pálidos que cambian de forma. También en sus criaturas: las aves que cruzan los aires vuelan como los peces de metálicas y coloridas escamas.

El cielo azul suspira encima del mar. Y cuando éste se agita y desespera, es el cielo el que lo va a tranquilizar. Le habla con relámpagos de luz y truenos grises mientras lo acaricia con sus gotas de lluvia hasta que regresa la calma.

Solamente cuando llega la noche el mar mira hacia arriba conmovido, suspirando maravillado al ver aquellas perlas de luz que brotan de la inmensidad. Escucha muy atento el silencio y, sobre todo, espera paciente. Se arma de valor y pide al cielo un poco de su Luna, y entonces la refleja en cada una de sus crestas, sustituyendo la espuma con luz plateada de cielo hasta que el horizonte vuelve a aparecer con el pálido resplandor del día.

Monday, December 20, 2010

Red Moon y los Sky Scouts

La Plataforma no. 2, 12:30 am.

Anocheció claro y fresco, no helado. Parece que viene tarde. Sirio y Canopus nos reciben, como siempre. Orión, el Tauro, el Cannis Maior, la Auriga y Perseo están. El mayor hace uso del artefacto para identificar una de las brillantes. Ya empieza, 15 min. tarde. Identificada: Algol, la estrella Demonio. Luna: a más de la mitad en el telescopio. Temperatura va en descenso considerablemente. Presentes: el Mayor, la Hermana, yo. El telescopio es ajustado suficientes veces. El color ahora es ladrilloso y gris. Ya se ha cubierto por completo el objetivo. Documentos: fotografías a simple vista, fotografías desde el telescopio, fotografías en la mente, oscuridad en el cielo, nuevas estrellas que ver. Sonidos: los perros aúllan desconsolados al no encontrarla. Visiones: luces nunca antes vistas, bandada de patos con dirección al Sur, estrella fugaz, la sombra del Planeta. En conjunto: ausencia helada y presencia nueva.

Misión: cumplida
Resultados: localización exitosa de la estrella Demonio, descripción detallada de la batalla oriónica, eclipse total cronometrado.


El cuarto, 2:22 am.

Escondo en mi mano un regalo que me dio sólo a mí: una gota de luz que se escurrió por la bóveda rápidamente. Se queda en mi puño porque da calor, para que cuando lo abra ilumine la noche en la que ya no veo mi sombra. Se apaga la luz para poder dejar ver otras miles, pequeñas, humildes y que ceden su lugar. La Tierra está a oscuras pero el cielo, y yo, más iluminados que nunca.

Misión: completa.
Resultados: un alma encendida.


FIN DE REPORTE

-S.S.3

Tuesday, December 14, 2010

Nueve de marzo del 2005

Esto lo escribí esa fecha. Me gusta leerlo muchas veces seguidas e imaginar las mismas imágenes que inundaron mi cabeza tanto tiempo atrás.

De un ángel caído

Se enamoró de un ángel, un ángel caído. Las plumas negras de sus rotas y lastimadas alas tapizaban todo el suelo en el que estaba sentado con los ojos cerrados. Al verlo brotó en su ser un sentimiento hermoso, indescriptible, un sentimiento que cambia por completo a las personas que lo perciben y decidió reparar sus heridas y ayudarlo a volver a volar como antes lo hacía. Ella no tenía alas, no recordaba cuál era el motivo, lo único que podía ver era a su ángel caído, triste y desgarrado del dolor. Le habló y él no escucho la primera vez pero siguió intentando hasta que la oyó. La miró y ella se dio cuenta de que sus ojos eran negros y profundos, capaces de mover cualquier alma, pero estaban inundados de lágrimas y llanto. Pasaron días y noches en vela, ella trataba de ayudar de mil maneras a su ángel, pero él no respondía. Poco a poco fue cediendo, pero nunca llegó a hacerlo del todo, tenía en la cabeza la firme idea de no necesitar a nadie más para volver a recuperar las fuerzas y el brillo de sus hermosas alas. Casi se dio por vencida más de una vez pero sacó fuerzas de su roto corazón y siguió adelante. Un día llegó a acompañar y a hablarle a su ángel, como de costumbre, pero no lo encontró sentado en el mismo lugar. Se había ido. Se imaginó lo peor, pero de pronto una sombra la cubrió, se dió media vuelta y vió que era su querido ángel, sus alas estaban más sanas que nunca, sus plumas negras tenían un brillo hermoso y podía volar de nuevo. Él no dijo una sola palabra, le sonrió y voló hacia el cielo, muy alto. Ella lo mira todos los días y algunas noches volar feliz y con una sonrisa que la llena, ahí esta ella para él, amándolo en silencio y cada vez que él la voltea a ver ella le sonríe, porque sabe que algún día, no muy cercano, probablemente caerá de nuevo y ella estará ahí para levantarlo cuantas veces sea necesario, porque ella se enamoró de un ángel.

Thursday, November 11, 2010

Sin finales

Leyó sin parar, saboreando cada palabra, cada diálogo y, en especial, cada descripción. Los personajes eran perfectos, tan humanos que los escuchaba en su cabeza una vez cerrado el libro, los veía cruzar la calle y, algunas veces, hasta los vio sonreír. Se trataba de un tomo grande y pesado, unos cuarenta capítulos, más o menos. El novelista era un genio indiscutiblemente, no descuidó ningún detalle a lo largo de la obra. El título era magnético, las oraciones cortas y concisas y, sin darse cuenta se encontraba ya a dos capítulos del final definitivo de la obra.

El final definitivo de la obra consistía en diez páginas y un epílogo. Y ella, al llegar al capítulo coronado con el número CUARENTA se detuvo. Verificó que fuera el último, el que contiene la conclusión de tan intrincada novela y, sin pensarlo dos veces, cerró el libro.

"Simplemente no me gustan los finales, porque en la vida no hay finales. Uno no puede pensar que la historia termina y termina, por eso, cuando cierro el libro sin terminarlo siento, y sé, que estoy dándole a la historia un sentido infinito, un significado que no se acaba, como la vida misma. Hasta que se acabe y yo con ella; sin haber leído el final."

De vuelta

"De vuelta y vuelta, tan joven y de vuelta"

-Jarabe de Palo

Tuesday, August 31, 2010

Day Door I

La carretera era muy transitada, especialmente los fines de semana. Era el único camino para llegar sin contratiempos a las casitas que rodeaban el Lago y disfrutar de unos días de paz y quietud y, por lo mismo, los pasantes iban deprisa y sin prestar mucha atención en el camino. Y nadie notaba cómo los árboles se hacían chicos y grandes, ni cómo las flores crecía entre el pasto silvestre, ni cómo, cuando llovía, los charcos se llenaban de renacuajos saltarines, ni siquiera notaban la Puerta.

Un sábado por la tarde, él iba en busca del olvido, del descanso y del silencio, necesitado de una inspiración realista para plasmar en las hojas blancas que había que llenar en la revista para la cual llevaba años trabajando, cuando de pronto el motor empezó a fallar. Seguramente era debido a la falta de gasolina, pero independientemente de cuál fuera el problema el auto se detuvo, en medio de la nada. Las maldiciones, en cambio, fueron las que alcanzaron velocidades cósmicas mientras el dueño se intentaba comunicar con alguien que lo pudiera ayudar, y, cuando lo logró, prometieron no menos de dos horas para poder alcanzar al necesitado. Desesperado bajó del coche, azotando la puerta y pisando fuerte. Miró en todas direcciones y no había nadie, caminó en círculos, con las manos en la cintura y los ojos cerrados, esperando que el tiempo corriera mucho más rápido de lo que podía percibir. Siguió así hasta que algo lo golpeó, o él golpeó algo. Abrió los ojos enseguida y se encontró frente a frente con la Puerta de madera oscura que se erguía sobre el pasto amarillento. Estaba sola, con la perilla, desgastada pero no oxidada, y nada más.

Curioso, pero no lo suficiente, se quedó mirándola fijamente e inmóvil. Hasta que algo dentro de él lo hizo levantar el brazo y girar la perilla de un jalón, sin abrir la Puerta. De pronto algo lo distrajo, un cosquilleo en el tobillo lo hizo estremecer e inmediatamente miró para darse cuenta de que un grillo se había prendido de su calcetín. La sorpresa fue la causante de una patada al aire con la que el animal salió disparado y, también, del empujón que logró que de la Puerta se abriera un resquicio. Espacio suficiente para llamar su completa atención y lograr que la curiosidad aumentara al punto de que se abalanzó a abrir de par en par.

Dentro de la Puerta no había absolutamente nada más que oscuridad, sombras densas y pesadas. Sin poderlo resistir introdujo una mano estirada y la vio desaparecer con forme avanzaba más y más, hasta que, finalmente entró por completo para encontrarse sumergido en el más profundo vacío.

Ahí permaneció, quieto y asustado, hasta caer dormido.

***

Ya era de noche cuando llegó la pareja de amigos con los botes de gasolina. Pero, cuando se estacionaron y buscaron, no vieron nada ni nadie más que el coche varado con los seguros abiertos. Nada alrededor, ni en el vehículo inútil, ni en el pavimento, ni el campo, ni en el lugar en el que horas antes había estado plantada la Puerta.

Monday, July 19, 2010

El Horizonte

"and the Sea is just a wetter version of the Skies."
-R.S.

Yo aprendí lo que era el horizonte en el Mar. "Es la línea que separa el cielo del agua, la que es casi negra." Aprendí que es es imposible llegar hasta ella y tocarla, que era inalcanzable. El Mar es una cosa y el Cielo otra, las dos separadas. Pero en la vida no solamente se aprenden cosas, también hay algunas, las más importantes, que se descubren.

Yo descubrí que el horizonte no existe, el Mar y el Cielo son una misma cosa. Es por eso que no se acaba, y que parece imposible alcanzar; es que uno no se da cuenta cuando ya está dentro de ambos. En el Mar hay estrellas que parpadean en la profundidad, hay cometas, hay nubes, hay aves, hay tormenta y claridad. Luz y oscuridad. Y también en el Cielo hay peces, hay conchas, hay arena y corrientes, hay olas que rompen sin cesar y que gritan o susurran.

El Mar y el Cielo son la misma cosa. Y eso lo descubrí cuando me embarqué en medio de la tormenta...

El barco no tenía nombre, pero me esperaba en el muelle, paciente, en lo que yo corría para evitar, inútilmente, las gotas de lluvia que empezaron a golpear mi cabeza y hombros. Una vez ahí, subí a la embarcación con cuidado de no resbalar y busqué un techo. Pero no había espacio, así es que tome mi lugar en proa y cerré los ojos. El agua helada cada vez azotaba más fuerte contra mi piel, mi pelo goteaba descontroladamente, mis pestañas pesaban y la piel se erizaba cada vez más.

Ahí estaba yo, en medio de la tormenta, cuando abrí los ojos y busqué el horizonte. Había desaparecido. Las nubes oscuras acariciaban al Mar con sus millones de brazos helados. El Mar respondía salpicándolos con agua y sal. Las olas se alzaban para alcanzar más de las nubes y éstas bajaban hasta rozarlas. El barco crujía y se sacudía.

Finalmente, la lluvia fue cesando, poco a poco, hasta convertirse en brisa húmeda. El Mar seguía riendo, las nubes también. Yo suspiraba, de color azul plomizo, como el Cielo y el Mar, que son uno mismo.

Saturday, July 03, 2010

Dentro del más oscuro Mar

"I've seen it all,
I've seen the dark."
-Björk & Thom Yorke

El cielo era azul, perfectamente azul, decorado con pequeñas nubes de lluvia que de vez en vez cubrían la luz del sol radiante. Bajo mis pies la arena húmeda se revolvía y colaba entre mis dedos, ansiosos mientras el majestuoso me invitaba a volver con él. Yo disfrutaba la brisa que me empujaba hacia adelante, casi sutil, y el vuelo de las aves sobre mi cabeza, y el sol mordiendo mis hombros. Finalmente, tomé su mano para repetir la danza de todos los días; juguetona y coqueta, hasta quedar cubierta completamente por su inmensidad. Con forme avanzaba, mis pies dejaban de tocar la arena revuelta y el agua se hacía más y más azul. Fue en el instante en el que mis dedos dejaron la arena por completo cuando sentí su presencia. El terror se apoderó de mi alma y yo quería ignorarlo, pero, sin poder evitarlo, crecía con las olas. Cada una más grande que la otra, más furiosa, más aterradora. Eso, lo oscuro, me miraba desde abajo, engolosinado con mi desesperación y desconcierto. La gente pasaba sin percatarse de lo que estaba ocurriendo, solamente yo vi la oscuridad dentro, la vi acechándome, esperando impaciente. Pero no duró mucho tiempo, aterrada y con gritos anudando mi garganta luché contra las olas para salir de ahí. El Mar mismo me sacó. Él supo algo que yo no; él sabe lo que hay ahí dentro. Y con un empujón violento, lleno de espuma suave, me alejé corriendo para ponerme a salvo. De nuevo en tierra firme. Lejos de lo oscuro.

Sunday, June 13, 2010

Cielo nublado

Y el sol se asomaba en la mañana. Sorpresas y aventuras, muchas risas. Todo por venir. Hasta que, de la aparente nada, se nubla todo y viene la llamada. "Si, ya partió". Para siempre. La sorpresa se ve tranquilizada por la situación; era de esperarse. Pero aún así, cuando una ve venir las nubes, no ve el momento en el que van a llegar para soltar su látigo de hielo. Y entonces todo viene como una cascada helada sobre la espalda desnuda. Y es esa misma espalda que espera un par de brazos, solo quiere esos brazos. Y se conforma con las palmadas de los ahora desconocidos y de los otros que no tanto, que lloran con ella, que viven con ella y que también llevan el negro, como ella. Poco a poco las nubes se van espesando y ya no se ve nada. Una granizada tras otra, y no hay paraguas que aguante, ni techo que no ceda.

Es hora de mojarse, hasta adentro.

Sunday, May 09, 2010

Lo que se me antoja

-Tengo muchas ganas de sentarme bajo un árbol, uno que eche hojitas encima de mi de vez en vez. En una banca de madera, durante un largo rato. que empiece a lloviznar y luego pare. Escuchar los truenos y ver las nubes. También tener un poquitito de frío; lo suficiente como para que mi piel tenga escalofríos que me despierten. Quiero estar descalza, con los pies sobre el pasto húmedo. Acostarme de lado, boca arriba, del otro lado. Suspirar muy hondo y seguir viendo el cielo, gris y luminoso.

-...falta poco para la temporada de lluvia.

-Falta muy poco para mis botas verdes.

-M&A

Tuesday, May 04, 2010

Amores siderales

En el espacio, el corazón de los astronautas
se hace más pequeño.

"¿Por qué crees que suceda esto?"
-Esa es muy sencilla. En el espacio uno está solo, el mundo se reduce a uno mismo. Si no hay a quien amar, entonces el corazón se hace más chiquito. ¿Para qué lo necesitarías grande?
"A menos que en el espacio aprendas a amar."
- A menos que en el espacio aprendas a amar.
"Conozco un lugar donde los corazones no pueden hacerse más pequeños, y está en espacio exterior."
-¿El de la puerta verde?
"Sí, el de la puerta verde y el jardín."
-Ahí es diferente.
"Ahí es perfecto."

-B & K.

Gotas siderales

En el espacio los astronautas no pueden llorar,
la falta de gravedad impide que las lágrimas fluyan.

Sabía que la vista era única, era sublime, maravillosa. Finalmente estaba fuera de aquella atmósfera que me oprimía y llenaba mis pulmones al estar sobre la tierra. Mis pies no necesitaban suelo firme. Mi mundo, ahora, era yo misma. Y desde la ventanilla dibujé con el dedo las líneas que dividían la tierra del mar, las nubes del vacío, la Tierra del todo. Azul como un suspiro lleno de nostalgia flotaba en la negrura de todo lo demás y yo, desde fuera, pintaba su imagen en mi memoria. Ni siquiera el aire podía competir contra la inmensidad que llenaba mis pulmones, mis entrañas enteras, mi alma. Y flotando yo también miré hacia el otro lado, la otra ventanilla, que me mostró al astro plateado en todo su esplendor. Luna preciosa y quieta, callada. Me llené de su blancura y fue entonces que me vinieron las ganas de llorar. Era imposible contenerlas. Pero las lágrimas no aparecieron. Ellas se quedaron en Tierra, junto con la gravedad, junto con tantas cosas que ahora ya no importaban. Yo estaba fuera. Y los escalofríos seguían subiendo desde el estómago, anudándose en la garganta. Y mis ojos secos. Hasta que, muy discretamente, me llevé la mano a la mejilla derecha para encontrarme con una motita brillante. Cálida e incandescente estaba, brotando de mi ojo, la estrella. Y a ésta la fueron siguiendo más y más. Poco a poco se iban desvaneciendo en mis manos. Luego de una sonrisa, que no cupo en mi cara, miré de nuevo por la ventanilla. Para mi sorpresa, el vacío estaba ahora ocupado por miles de millones de luces, unas más brillantes que las otras, pero todas hermosas. Inerte quedé flotando, admirando la maravillosa vista: cada una de las lágrimas ahí había quedado plasmada, en el infinito, llenando el vacío oscuro para iluminar las noches despejadas.

Sunday, April 18, 2010

Inmortalizar

Voy a desmaterializarte. A arrancarte del tiempo y el espacio. Voy a hacerte parte de la eternidad, por lo menos hasta que yo deje de ser. De ahora en adelante no te moverás, no te corromperás, no te inmutarás. Eternidad. Inmaterail. Inmóvil.

Saturday, April 17, 2010

Astromelias

"Hay que tomar mucha agua, como dos litros diarios" dijo seriamente cuando le serví un vasito de agua del garrafón de la cocina. A mi no me gusta tomar agua. Sentirla sobre mi piel es una sensación mágica, revitalizante. Verme sobre sus espejos me da la confianza de que sigo ahí. Escucharla me hace dormir en paz. El agua me gusta. Me encanta. Siempre y cuando no tenga que ver dentro de mí.

Otro día, me sorprendió y vino con un ramo de florecitas blancas en la mano. Astromelias. Un manojo enorme de botones oscuros que prometían convertirse en bellezas delicadas y naturales. Pronto las puse en el florero verde y, para que florecieran, las puse en agua, casi hasta los bordes.

Los días pasaban y poco a poco cada una de las florecitas asomaba sus pecas, sus pétalos pulcros o los que tenían rayas rosadas. Con tiempo fueron convirtiéndose en una nube fresca que bailaba con mis suspiros, todos blancos, por supuesto. El florero verde estaba orgulloso de su contenido y yo de mis flores, sus flores.

Las flores eran hermosas, fuertes y llenas de inocente vida coqueta. Pero no eran como todas las demás, ellas tenían (o mejor dicho: hacían) algo peculiar: todas las mañanas el florero amanecía seco, y todas las mañanas lo volvía a llenar hasta los bordes. A la mañana siguiente el agua se había vuelto a extinguir y el proceso se repetía una y otra vez. Y, con forme el agua se acababa, más florecitas estiraban sus pétalos frágiles, mientras las demás se llenaban de esa vida que llena mi habitación, que las hace decir recuerdos, que me hacen despertar con una sonrisa y dormir con una ilusión.

A mí no me gustaba tomar agua. Pero a mis flores, sus flores, sí. Al fin y al cabo, las cosas se parecen a su dueño.

Monday, February 01, 2010

Psicodelia

Estiro un brazo y siento el verde debajo de mí. El otro brazo siente envidia, y hace lo mismo, pero dentro del agua de la fuente que brinca y corre delicadamente, haciendo sonidos, como si un millón de cuentas coloridas de cristal cayeran sobre las gradas de piedra. Las nubes sobre mí se mueven, suaves y haciendo espirales entre ellas, poco a poco, con forme abro los ojos, dejan atrás el blanco y se visten de amarillo y verde, anaranjado y rosa, sobre el mismo fondo azul que al mismo tiempo se mueve, respira. Yo también dejo el blanco, desde los ojos se esparce el color y la sensación que a veces refresca y a veces es cálida. Mirando al sol que baila de frente y me sonríe, sugerente. Mi piel adopta los colores del pasto, del agua, de las cuentas, de las nubes, y me pelo serpentea lento. Colores que huelen a hierba y flor, a tierra mojada cuando llueve, a manantial cristalino.